Un equipo de investigadores en Japón consiguió, por primera vez, transformar embriones de ratón macho en hembras y producir así clonas femeninas de ejemplares machos. El logro, descrito en un artículo preliminar aún sin revisión por pares, se apoyó en la técnica de edición genética CRISPR para eliminar el cromosoma Y de células masculinas.
«Nadie había hecho esto antes», resumió Monika Ward, bióloga reproductiva de la Universidad de Hawái, en declaraciones recogidas por MIT Technology Review. La afirmación marca la magnitud del experimento: no se trata solo de alterar un gen, sino de suprimir por completo un cromosoma para invertir el sexo genético del animal.
Cómo lograron el cambio de sexo
En los mamíferos, el sexo biológico está determinado por los cromosomas sexuales: las hembras portan dos copias del cromosoma X (XX) y los machos una copia de X y una de Y (XY). El cromosoma Y contiene el gen que dispara el desarrollo de características masculinas. Al retirarlo mediante CRISPR —una herramienta molecular que actúa como una tijera de precisión para cortar y modificar el ADN—, las células masculinas quedaron con una sola dotación de X, lo que reorientó su desarrollo hacia el sexo femenino.
A partir de esas células editadas, el equipo generó clonas: copias genéticas del ratón macho original, pero desarrolladas como hembras. El procedimiento combina edición genómica y clonación, dos campos que hasta ahora rara vez se habían cruzado con este objetivo.
Un terreno con antecedentes recientes
El trabajo se inscribe en una serie de avances que están redibujando lo que la biología reproductiva considera posible. En 2023, otro grupo japonés logró crear ratones con dos padres biológicos, transformando células masculinas en óvulos funcionales. Más recientemente, investigadores insertaron cromosomas de rata en ratones, una demostración de que la manipulación cromosómica entre especies empieza a ser manejable en el laboratorio.
La inversión de sexo tampoco es un fenómeno ajeno a la naturaleza. Ciertos peces, como el gobio del arrecife de Okinawa, cambian de sexo de forma espontánea, un proceso que la ciencia ha estudiado a nivel de expresión génica. La diferencia es que ahora los investigadores buscan reproducir y controlar ese cambio en un mamífero de manera deliberada.
Por qué importa más allá del laboratorio
Las aplicaciones potenciales apuntan sobre todo a la conservación. La manipulación de la proporción de sexos y la clonación ya se han usado para tratar de rescatar poblaciones al borde de la extinción, como ocurrió con el caballo de Przewalski. En un contexto en el que la Lista Roja de la UICN cataloga cientos de especies de roedores como amenazadas o vulnerables, poder generar hembras a partir de machos abre una vía para equilibrar poblaciones donde escasean las reproductoras.
Conviene mantener la cautela. Se trata de un preprint, es decir, un manuscrito que todavía no superó la evaluación de otros científicos, y los resultados en ratones no se trasladan de forma automática a otras especies ni, mucho menos, a humanos. Las implicaciones éticas de invertir el sexo genético de un organismo vivo prometen abrir un debate que la comunidad científica apenas comienza a plantearse.
Aun con esas reservas, el experimento amplía el repertorio de lo que la edición genética puede hacer con el genoma de un mamífero. La pregunta ya no es solo si es posible modificar un gen, sino hasta qué punto se puede reescribir la arquitectura cromosómica de un ser vivo.
