Friend, el colgante con inteligencia artificial pensado para acompañar a sus usuarios, sumó una función que hasta ahora no tenía: hablar. El dispositivo, que antes solo enviaba mensajes de texto, ya puede responder con voz, aunque esa capacidad llega atada a un precio bastante más elevado que el del modelo original.
El wearable, creado por Avi Schiffmann, se popularizó como una especie de compañero personal de bolsillo. En lugar de organizar la agenda o responder correos, Friend escucha lo que ocurre alrededor y envía comentarios sobre la vida cotidiana de quien lo usa, con un tono más cercano al de una amistad que al de un asistente productivo. Su propuesta —un aparato para paliar la soledad— generó tanto interés como rechazo desde su lanzamiento.
De los mensajes de texto a la voz
Hasta esta actualización, la interacción con Friend era exclusivamente escrita: el colgante mandaba textos al teléfono del usuario a partir de lo que percibía en su entorno. La incorporación de respuestas habladas cambia la naturaleza de la relación, al acercarlo a los asistentes conversacionales por voz que ya conocen millones de personas. Schiffmann anunció la novedad en su cuenta de X, donde adelantó los detalles del nuevo modelo.
El salto de precio es la otra cara de la noticia. El dispositivo original se ofrecía en torno a los 99 dólares, una cifra que lo ubicaba como una compra impulsiva más que como una inversión tecnológica. La versión con voz apunta a un rango considerablemente superior, lo que reposiciona al producto y obliga a preguntarse cuántos usuarios estarán dispuestos a pagar por una compañía sintética que ahora también responde en voz alta.
Un producto tan comentado como polarizante
Friend ya había ocupado titulares antes de esta actualización. A fines de 2025, una campaña publicitaria masiva en el subte de Nueva York se volvió viral, en buena medida por la reacción del público: muchos carteles terminaron intervenidos con grafitis y mensajes críticos hacia la idea de reemplazar vínculos humanos con un aparato. La controversia funcionó, al menos, como publicidad involuntaria.
El dispositivo se inscribe en una tendencia creciente de wearables con IA que buscan un lugar en el cuerpo del usuario, más allá del teléfono. La mayoría de esos intentos —de broches a pines inteligentes— ha tropezado con problemas de utilidad real, duración de batería y, sobre todo, con la dificultad de justificar su existencia frente a un smartphone que ya hace casi todo. Friend se diferencia por no intentar ser productivo: su promesa es emocional, no funcional.
Esa apuesta abre preguntas que exceden lo técnico. Un colgante que escucha de forma continua plantea dudas sobre privacidad y sobre qué ocurre con la información captada en conversaciones ajenas. Y la propia idea de una IA diseñada para aliviar la soledad genera debate entre especialistas en salud mental, divididos sobre si estos compañeros digitales alivian el aislamiento o lo profundizan. Si quieres entender mejor cómo funcionan estos asistentes conversacionales, la tecnología detrás de la voz es la misma que impulsa a los chatbots más conocidos.
Con voz propia y una etiqueta de precio más ambiciosa, Friend deja de ser una curiosidad barata para convertirse en una apuesta de mayor riesgo. Queda por ver si el mercado responde con la misma intensidad con la que reaccionó a sus carteles en el subte.
