OpenAI analizó más de 800.000 mensajes relacionados con el trabajo enviados a ChatGPT y encontró que el 43,5% de las consultas vinculadas a un empleo específico corresponden en realidad a tareas propias de otra profesión. La empresa bautizó el fenómeno como task crossover, o cruce de tareas, y sostiene que refleja cómo los asistentes de inteligencia artificial están ampliando lo que una sola persona puede hacer en su jornada.
El dato aparece en un informe publicado por OpenAI sobre cómo la IA modifica las rutinas laborales. Para clasificar cada consulta, la compañía cruzó los mensajes con O*NET, la base de datos ocupacional del gobierno de Estados Unidos que describe las funciones típicas de cada oficio. Así pudo identificar cuándo alguien usa la herramienta para resolver algo que, en teoría, pertenece al terreno de otro especialista.
Qué significa el cruce de tareas
La idea es sencilla. Un diseñador que pide ayuda para redactar un contrato, un contador que arma una campaña de correos o un dueño de tienda que consulta cómo interpretar una cláusula legal están haciendo, con ChatGPT, trabajo que antes habrían delegado en un abogado, un especialista en marketing o un experto en finanzas.
Según OpenAI, esa mezcla no es marginal: casi la mitad de las preguntas laborales con un oficio identificable pisan el terreno de otra ocupación. El asistente actúa como un comodín que rellena los huecos de conocimiento que una persona no domina.
Las pequeñas empresas, el caso más marcado
El patrón se acentúa en los negocios pequeños. Allí, según el análisis, los usuarios asumen con más frecuencia tareas especializadas sin contar con personal dedicado a ellas. Una empresa de pocas personas rara vez tiene un departamento legal, un equipo de diseño o un analista financiero interno, de modo que la IA termina cubriendo funciones que, en una compañía grande, recaerían en distintos profesionales.
Esa lectura encaja con el argumento comercial que OpenAI viene sosteniendo: que sus herramientas amplían la capacidad individual más que reemplazar puestos en bloque. Conviene tomar la interpretación con cautela, porque proviene de la propia empresa que vende el servicio y se basa en el comportamiento de quienes ya eligieron usar ChatGPT, no en una muestra representativa de todos los trabajadores.
Un arma de doble filo
El fenómeno tiene una cara atractiva y otra incómoda. Del lado positivo, permite que profesionales y microempresas resuelvan asuntos que antes exigían contratar a alguien, con el consiguiente ahorro de tiempo y dinero. Del lado del riesgo, un modelo de lenguaje —un sistema entrenado para predecir texto probable— puede sonar convincente y equivocarse, algo especialmente delicado cuando la consulta es legal, contable o médica y quien pregunta no tiene criterio para detectar el error.
Para quien quiera aprovechar esa versatilidad sin caer en la trampa de la confianza ciega, ayuda entender cómo integrar la IA en las tareas del trabajo con revisión humana en los puntos sensibles.
El estudio también deja una señal para la discusión sobre empleo y automatización. Si una parte importante del uso profesional consiste en absorber funciones de otros oficios, el efecto de la IA sobre el mercado laboral podría medirse menos en despidos directos y más en la reconfiguración silenciosa de qué hace cada quien dentro de una organización.
