Google reportó que su consumo de electricidad aumentó 37% durante 2025, un salto que la compañía atribuye directamente a la construcción acelerada de centros de datos destinados a sostener sus servicios de inteligencia artificial. La cifra aparece en el informe ambiental 2026 publicado por la empresa, que ilustra la tensión creciente entre el crecimiento de la IA y los compromisos climáticos del sector tecnológico.
El dato importa porque pone números concretos a una preocupación que venía discutiéndose de forma abstracta: entrenar y operar modelos de IA consume enormes cantidades de energía. Los centros de datos que ejecutan estos sistemas funcionan las 24 horas y requieren refrigeración constante, lo que dispara la demanda eléctrica a medida que las empresas amplían su infraestructura.
Una demanda que rivaliza con la de países enteros
El volumen de electricidad que consume Google ya se compara con el gasto energético de naciones completas de tamaño mediano. Ese punto de referencia ayuda a dimensionar el problema: no se trata de un incremento marginal, sino de un crecimiento que obliga a repensar de dónde saldrá la energía necesaria para alimentar la próxima generación de servicios de IA.
La operación de un centro de datos moderno combina miles de procesadores especializados —muchos de ellos dedicados a la inferencia, es decir, el proceso mediante el cual un modelo ya entrenado genera respuestas— con sistemas de enfriamiento que también demandan agua y electricidad. Cada nueva instalación suma carga a las redes eléctricas regionales.
El dilema entre energía limpia y gas natural
Google sostiene que intenta equilibrar esas emisiones con inversiones en energía limpia, una estrategia que la compañía viene promoviendo desde hace años. Sin embargo, el ritmo de expansión de la IA complica ese objetivo. Un análisis de la estrategia energética de la empresa elaborado por CleanView señala que las necesidades de electricidad crecen más rápido que la capacidad instalada de fuentes renovables.
Esa brecha ha llevado a la compañía a evaluar opciones que chocan con sus metas ambientales. Según un reporte de abril de 2026, Google estaría considerando recurrir al gas natural para cubrir parte de esa demanda, una alternativa que aseguraría el suministro pero elevaría las emisiones de carbono asociadas a sus operaciones.
El conflicto no es exclusivo de Google. Las grandes tecnológicas que compiten en el terreno de la IA —Microsoft, Amazon y Meta, entre otras— enfrentan presiones similares: prometieron reducir su huella de carbono al mismo tiempo que multiplican una infraestructura que consume cada vez más energía.
Qué implica para la industria
El crecimiento del 37% en un solo año sugiere que las proyecciones optimistas sobre eficiencia energética no están alcanzando para compensar el volumen de la expansión. Cada avance en capacidades de IA suele traducirse en modelos más grandes y en más consultas de usuarios, lo que multiplica el gasto eléctrico en lugar de contenerlo.
Para los reguladores y las comunidades donde se instalan estos centros de datos, la cifra abre preguntas prácticas sobre disponibilidad de energía, precios y compromisos climáticos. La discusión sobre el costo ambiental de la IA deja de ser hipotética cuando una sola empresa mueve la aguja del consumo eléctrico de esa manera en apenas doce meses.
