El fondo de cobertura Situational Awareness, fundado por el exinvestigador de OpenAI Leopold Aschenbrenner, se vio obligado a liquidar su cartera de acciones cotizadas tras un derrumbe de sus apuestas apalancadas en inteligencia artificial. Aun así, el fondo mantiene un activo que podría cambiar su suerte: una participación en Anthropic, la empresa detrás del chatbot Claude, que se prepara para salir a bolsa.
La firma que gestionaba miles de millones de dólares acumuló pérdidas severas después de que sus posiciones más agresivas en el sector se vinieran abajo. Según reportó The Wall Street Journal, Citadel, el gigante de gestión de activos, terminó comprando la cartera de acciones públicas de Situational Awareness luego de esas pérdidas.
De una racha récord a la liquidación forzada
Aschenbrenner, de apenas 24 años, construyó su reputación con una tesis clara: la IA avanzaría más rápido de lo que el mercado descontaba, y valía la pena apostar fuerte por ello. La estrategia funcionó durante un tiempo. El fondo llegó a registrar un rendimiento del 439% en un año, según el Financial Times, una cifra difícil de sostener en el tiempo.
El problema de las apuestas apalancadas —aquellas que usan dinero prestado para amplificar la exposición— es que multiplican tanto las ganancias como las caídas. Cuando el entusiasmo por ciertas acciones vinculadas a la IA se enfrió, el efecto fue brutal. Los activos del fondo cayeron a alrededor de 10.000 millones de dólares tras las pérdidas, según Bloomberg, después de haber manejado cifras considerablemente mayores.
La apuesta que todavía no se ha resuelto
Vender la cartera cotizada no significa que Aschenbrenner se haya quedado sin margen de maniobra. La pieza que conserva es su participación en Anthropic, una inversión privada que no se valora con la misma volatilidad diaria que las acciones públicas.
El momento es clave. Anthropic ya sostuvo reuniones con bancos e inversores para preparar una oferta pública inicial que, según informó CNBC, podría concretarse tan pronto como en octubre. Una salida a bolsa exitosa revalorizaría de golpe esa participación y le daría al fondo una vía para recomponer parte de lo perdido.
Esa distinción entre lo público y lo privado explica por qué la historia no termina con la venta forzada. Las acciones cotizadas se liquidan al precio del día, muchas veces en el peor momento. Una participación temprana en una empresa que aún no cotiza, en cambio, puede permanecer en cartera hasta que un evento como una salida a bolsa fije su valor.
Un termómetro del vértigo en torno a la IA
El caso de Situational Awareness sirve como recordatorio de lo tenso que está el mercado alrededor de la inteligencia artificial. Las valoraciones de empresas del sector se han disparado, y con ellas la tentación de amplificar las apuestas con deuda. Cuando la marea baja, incluso los gestores con las tesis más audaces quedan expuestos.
Aschenbrenner sigue siendo una figura observada de cerca por Wall Street y Silicon Valley. Antes de fundar su fondo trabajó en OpenAI, de donde salió en circunstancias que él mismo describió públicamente, y su ensayo sobre el futuro de la IA circuló ampliamente en la industria. Su próxima jugada dependerá, en buena medida, de cuándo y cómo Anthropic decida abrir su capital al público.
