Las bombas de calor, electrodomésticos que calientan y enfrían ambientes usando electricidad en lugar de quemar combustible, superaron en ventas a las calderas de gas en Estados Unidos y consolidan una tendencia que empezó hace algunos años. El dato aparece en el momento en que el país debate el fin de los incentivos fiscales que ayudaron a impulsar su adopción.

El equipo funciona como un refrigerador al revés: en lugar de generar calor quemando gas, mueve el calor de un lado a otro. En invierno extrae energía térmica del aire exterior —incluso cuando hace frío— y la traslada al interior de la vivienda; en verano hace lo contrario. Esa eficiencia es la razón por la que, según distintos análisis, un solo aparato puede reemplazar a la caldera y al aire acondicionado a la vez.

Un cambio que se veía venir

Las bombas de calor superaron en ventas a las calderas de gas en el mercado estadounidense, un giro que hace una década parecía lejano. Un reporte reciente sugiere que el país podría estar alcanzando un punto de inflexión, donde la tecnología deja de ser una opción de nicho para volverse la elección estándar de muchos hogares.

El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. La Agencia Internacional de la Energía señala en su revisión energética de 2026 que países como China y Alemania también empujan la adopción de estos equipos como parte de sus estrategias de electrificación y reducción de emisiones.

La incógnita de los incentivos

La gran pregunta ahora es qué pasará sin ayuda estatal. Buena parte del crecimiento se apoyó en créditos fiscales que abarataban la instalación, un costo inicial que suele ser más alto que el de una caldera convencional. Un análisis del Energy Institute de Haas se pregunta directamente si los hogares seguirán comprando estos aparatos una vez que desaparezca ese subsidio.

La respuesta importa porque marca la diferencia entre una moda impulsada por incentivos y una transición sostenible por sí misma. El precio de la electricidad frente al del gas, el clima de cada región y el ahorro a lo largo de la vida útil del equipo pesarán en la decisión de cada comprador.

El contraste con los autos eléctricos ayuda a dimensionar el riesgo. Las ventas de vehículos eléctricos en Estados Unidos se desplomaron tras el recorte de sus incentivos, aunque cifras posteriores muestran que el mercado empieza a normalizarse. La duda es si las bombas de calor seguirán un camino parecido o si su ventaja de eficiencia las vuelve más resistentes al fin del apoyo público.

Por ahora, la calefacción eléctrica llega a más casas estadounidenses que nunca. Lo que se sabrá en los próximos meses es cuánto de ese impulso sobrevive sin el empujón del Estado.