Miles Wang, investigador de OpenAI, mantiene conversaciones con inversores para fundar una empresa dedicada al descubrimiento de medicamentos con inteligencia artificial que apuntaría a una valuación cercana a los 2.000 millones de dólares. Según reportó TechCrunch, las negociaciones todavía están en curso y reflejan el creciente apetito del capital de riesgo por aplicar modelos de IA a las ciencias de la vida.
El proyecto se sumaría a una ola de compañías que buscan acelerar una de las fases más lentas y costosas de la industria farmacéutica: identificar y validar moléculas candidatas antes de que lleguen a ensayos clínicos. La promesa es usar sistemas capaces de predecir cómo se comportan las proteínas y los compuestos químicos para reducir años de trabajo de laboratorio.
Un sector que atrae miles de millones
El movimiento de Wang no ocurre en el vacío. En julio de este año, Chai Discovery levantó unos 400 millones de dólares para su plataforma de desarrollo de fármacos, mientras que Isomorphic Labs, la filial de Alphabet nacida de DeepMind, cerró una ronda de 2.100 millones de dólares. Esas cifras dan la medida del entusiasmo inversor por la biología computacional.
La expectativa se apoya en avances concretos. Los modelos capaces de predecir estructuras de proteínas cambiaron la manera en que los laboratorios abordan el diseño de moléculas, y varias firmas apuestan a que la siguiente frontera sea generar candidatos terapéuticos directamente con IA. La aplicación de estas herramientas a la salud es uno de los frentes con más recorrido, como muestra el avance de la IA en el diagnóstico y la medicina.
De la investigación al laboratorio
Wang forma parte del equipo de investigación de OpenAI, empresa que ha empezado a explorar el terreno científico. La compañía publicó recientemente un trabajo sobre cómo sus modelos pueden acelerar la investigación biológica en el laboratorio húmedo, es decir, el entorno físico donde se manipulan muestras y reactivos, en contraste con la simulación puramente digital.
Que un investigador de una de las empresas más grandes del sector considere fundar su propia compañía encaja con un patrón repetido en los últimos años: talentos formados en los grandes laboratorios de IA que salen a levantar capital con valuaciones elevadas incluso antes de tener un producto en el mercado. La salida de figuras técnicas hacia proyectos propios se ha vuelto habitual en el entorno de OpenAI.
Por ahora no hay confirmación oficial de la empresa ni detalles públicos sobre inversores, nombre o calendario. Tampoco está claro si Wang dejaría OpenAI de inmediato o mantendría algún vínculo durante la transición.
Qué mirar de aquí en adelante
Una valuación de 2.000 millones de dólares para una startup en etapa inicial marca la temperatura del mercado más que la madurez del negocio. El descubrimiento de fármacos con IA sigue enfrentando un obstáculo difícil de sortear: los modelos pueden sugerir candidatos prometedores, pero la validación clínica en humanos toma años y muchas moléculas fracasan en el camino.
El desafío para cualquier compañía del rubro será demostrar que sus predicciones se traducen en tratamientos reales y aprobados, no solo en resultados de laboratorio. Ese será el verdadero examen para el proyecto de Wang si las negociaciones prosperan.
