Vint Cerf, uno de los ingenieros que diseñó el conjunto de protocolos TCP/IP sobre los que funciona internet, trabaja en un estándar técnico para identificar a los agentes de inteligencia artificial que ya recorren la red por su cuenta. La propuesta busca dar a cada agente autónomo una identidad verificable, del mismo modo en que los sitios web tienen un dominio y una dirección reconocibles.

Los agentes de IA son programas que actúan de forma semiautónoma: navegan páginas, completan formularios, reservan servicios o realizan compras en nombre de una persona o una empresa, sin supervisión constante. A medida que se multiplican, surge un problema práctico: los servidores no distinguen con claridad si quien llama a la puerta es un humano, un rastreador tradicional o un agente que decide por sí mismo.

Una identidad para el software que actúa solo

La iniciativa se apoya en el sistema de nombres de dominio (DNS), la guía telefónica de internet que traduce nombres legibles en direcciones numéricas. La idea es aprovechar esa infraestructura ya existente para registrar y verificar agentes. El proyecto se articula en torno a DNSid y a un borrador presentado ante la IETF, el organismo que define los estándares abiertos de la red, para crear un registro de identificación de agentes.

El planteamiento apunta a la rendición de cuentas. Si un agente puede autenticarse, un sitio web puede decidir si le concede acceso, con qué límites y bajo qué reglas. También abre la puerta a rastrear responsabilidades cuando algo sale mal: un agente que ejecuta una transacción fraudulenta o que ignora las condiciones de un servicio dejaría un rastro atribuible.

Actores más allá de la tecnología

El esfuerzo no se limita al terreno puramente técnico. Según un comunicado de Identity Digital, la empresa reunió a responsables de infraestructura, seguridad y finanzas para dar forma a un marco de responsabilidad aplicable a los agentes. La presencia del sector financiero no es casual: los pagos automatizados son uno de los escenarios donde la identidad verificable pesa más.

La participación de Cerf, hoy vinculado a Google, aporta peso a una discusión que suele quedar en manos de las grandes plataformas. Fue coautor de los protocolos que permitieron que redes distintas se comunicaran entre sí en los años setenta, y su respaldo a un estándar abierto sugiere una preferencia por reglas comunes frente a soluciones cerradas de cada compañía.

Por qué importa ahora

El interés por identificar agentes coincide con su despliegue acelerado. Empresas como OpenAI, Google y Anthropic promueven asistentes capaces de ejecutar tareas de varios pasos en la web, y ese uso choca con una infraestructura pensada para personas y para rastreadores predecibles. Muchos sitios ya bloquean tráfico automatizado sin distinguir entre un bot malicioso y un agente legítimo que actúa por encargo de un usuario.

Un registro de identidad podría ordenar ese tránsito, pero también plantea preguntas abiertas. Quién administra el registro, cómo se evita que se convierta en un punto único de control y qué pasa con los agentes que operan sin registrarse son cuestiones que el borrador tendrá que resolver antes de convertirse en norma. La discusión sobre cómo lograr que los agentes actúen de forma confiable lleva meses ganando terreno entre desarrolladores.

Por ahora se trata de una propuesta en fase temprana, sujeta al proceso de estandarización de la IETF, que puede tardar años. Su desenlace dirá si internet incorpora una capa de identidad para el software autónomo o si cada plataforma seguirá resolviéndolo a su manera.